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Sexo de rutina vs rutina de sexo

Erotismo, Sexo de rutina vs rutina de sexo, GQ

Como en la canción de Sara Vaughan, le digo a mi novio que me siento romántica, le pido que se ponga cómodo y lo ayudo a desanudar su corbata. Para variarle un poco a los encuentros precocinados y on the go: él es más de cenas a media luz y bailes al son de música ligera previo entrar en los detalles que tanto nos gustan.

  El paraíso, sí, estoy en el paraíso, y mi corazón late de tal modo que apenas y puedo hablar y parece que al fin encuentro la felicidad que tanto busco cuando estamos juntos, bailando mejilla con mejilla. Cualquier parecido con la realidad. . . La letra es de Irving Berlin y, aunque no le digo que no a ninguna de las versiones –ni siquiera a la de Tony Bennet y Lady Gaga– si de elegir se trata, me quedo con la interpretación festiva y explosiva de Eva Cassidy (poseedora de una voz privilegiada y que murió en sus tempranos 30) y, por supuesto, con la de Ella y Louis.

Oh! I love to climb a mountain,

And to reach the highest peak,

But it doesn’t thrill me half as much

As dancing cheek to cheek

Dicho lo cual:

1. Bailemos

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. . . así.

  Aunque esta deliciosa postura tiene varios nombres, unos más apropiados que otros para ser mencionados aquí, para fines prácticos la dejaremos en la del baile. De alguna manera, es un divertido giro al misionero de pie con el plus de que hace más cómodo e invitante el cara a cara y el mejilla contra mejilla. Ella levanta una de sus piernas y la flexiona detrás de él quien la sostiene para facilitar el equilibrio y la penetración. Para mayor complejidad, la mujer levanta la pierna por completo y la apoya en el hombro de su compañero, aunque esta variación (llamada también ballerina) requiere mayor flexibilidad y ya hemos hablado de ella en una colaboración anterior.

  Lo malo de esta postura es que, por más placentera, puede llegar un punto en que se vuelva incómoda. Pero no os preocupéis. Siempre tendremos un sofá a mano. Ni modo, al compañero poeta le toca seguir en pie, aunque colocado de espaldas al sofá. Continúan cara a cara, mientras ella coloca sus pies en el mueble y se apoya en los hombros de él, quien, con ambas manos, la sujeta de la cadera. ¡Que siga el vaivén! También conocida como “pistón” (ay, nuestra eterna asociación del sexo a la maquinaria y la caldera, como bien lo ilustra y escenifica Neon Neon en el video de “Sweat shop”), esta posición es prácticamente una intensa rutina de gimnasio que requiere ritmo y concentración.

  Si lo que queremos es no perder el equilibrio o, mejor dicho, el vuelo, y para evitarse dolores y torceduras, hay que procurar que las rodillas estén un poco flexionadas y mantener la espalda erecta. Podemos hacer una transición a la cama: ahora sí el señor se puede sentar en la orilla, fíuuu, mientras ella lo monta, tomándolo de los hombros y con los pies bien plantados en el colchón para mantener el centro de gravedad.

  Si estos trances se antojan muy complicados, también podemos pasar del baile directo al misionero en la cama y brincarnos el sofá. ¡Total!

2. Llévame. . .

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  Insisto que en estos casos el nombre es lo de menos. Después del misionero, la amazona, el perrito, el 69, la flor de loto, la cucharita y algunas más que, de momento, no vengan a mi mente, el repertorio de títulos se multiplica y vuelve confuso. Por ejemplo, la de la imagen que ahora nos ocupa: una variedad de (¡y un respiro a!) la atlética carretilla: penetración por la retaguardia mientras ella apoya las manos en el suelo y con las piernas rodeando el torso de él. Aquí tenemos dos opciones:

  1. a) que ella apoye los pies en el suelo (Ben Dover)
  2. b) “Está usted arrestada”, en inglés Prison Guard: ella se mantiene flexionada, aunque, en vez de apoyar las manos en el suelo, mantiene los brazos hacia atrás, por encima de su espalda, mientras él la sujeta por las muñecas.

  De algún modo, ambos están enganchados y, lo mejor, esta postura permite una penetración más profunda que se hace todavía más profunda a medida que ambos, no sólo ella, abren un poco más las piernas.

  Corte a: ella puede apoyarse en una silla o colocar un taburete bajo su vientre o una de mis favoritas: no en vano uno de los curiosos nombres que recibe esta acalorada posición es la de boca (o hidrante) de incendios. Es de algún modo una variación del perrito. Él se agacha: una de sus piernas está arrodillada y la otra flexionada, con la planta sobre el suelo. Ella apoya las palmas sobre el suelo: una de sus piernas rodea la espalda y la otra se apoya en el muslo de él. La penetración y el movimiento se intensifican, lo que favorece que se estimule el punto G. Hay además una sensación de estar como suspendidos en el aire y la vista para él es un hit. Ambos ganan.

3. Paso a paso

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  Entre las posiciones que he probado, no hay una sola que no me guste. Quizá algunas me resulten más cómodas que otras. Más tentadoras y desafiantes, pero en verdad, aunque sea cuestión de segundos, a casi ninguna le digo que no. La del dibujo es, empero, el top de mis favoritas entre la serie de variaciones o mejores versiones del misionero.

  También recibe todo tipo de nombres, pero uno de los que más disfruto es el que el inglés designa como Folded Deck Chair, algo así como “silla plegable doblada”, jajaja, y que es un paso más de la simple silla plegable. Esta es un misionero: ella está boca arriba y mantiene las piernas en el aire, aunque flexionadas bajo los brazos de él. Tiene muchas ventajas: la sensación de dominar y ser dominada. Amén de la natural y orgánica estimulación del punto ge ge ge y la glándula prostática, ella puede hacer uso de sus benditas manos y acariciar el perineo y el escroto de su amo. Bueno, pues la pequeña gran variación requerida para la silla, pero plegable, pero doblada, es que las piernas de ella se flexionan hacia atrás, al punto de que sus pies queden a la altura de sus orejas o incluso apoyadas en los hombros de él. Aquí, más que dominada, una está atrapada, pero el incremento en las estimulaciones ya mencionadas y la mejora del ángulo de penetración hacen que, mientras dura la gloria, nadie proteste.

  De aquí podemos seguirnos y seguirnos: complicarnos la existencia y dar paso a la todavía más imposible que la silla plegable doblada, mejor conocida como la ostra vienesa, otra de nuestras consen, pero difícil como ella sola. ¿Por qué? Bueno, aquí los pies se llevan detrás de la cabeza hasta “atorarse” en la nuca. Una de las mayores gozadas para mí es que me encuentro como totalmente expuesta y ofrendada. Precaución: para evitar aplastamientos, señores, apóyense en sus manos y no se nos dejen ir así no más. Claro que, si queremos evitarnos molestias, siempre podemos enrollar las piernas alrededor de la espalda de nuestro penetrador o elevar las piernas y elevar también la calidad del misionero alzándonos con la V de la victoria (de ésta también ya habíamos hablado).

4. Descaradamente

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  Cada quien cierre como más le guste, pero como parte de esta rutina, no podría despedirme sin incluir entre las cerezas del pastel alguna o varias o todas las posibles e imposibles variantes de la empoderada amazona. Aunque, aclaro, con un twist. Good times for a change, dice Morrissey, y yo me sumo y le pido a mi romántico novio: que por favor, por favor, por favor, me deje obtener lo que quiero esta vez. . . Y qué mejor giro que uno con toques e influencias de Oriente: vaya fusión deleitable y, aunque le queda muy bien el título en inglés de Reverse Asian Cowgirl, yo se la describo a él como: quiero montarte de espaldas. Me dice que extrañará la vista que tenía cuando estaba frente a él y le digo que prometo superarla.

  ¡Media vuelta ya! Se dice fácil, pero, lograrlo mientras una sigue unida de manera trepidante por tan jugoso vínculo requiere destreza, concentración, amor al arte, suerte, chiripa. La diestra y suertuda jinete exhibe ante él su impúdica retaguardia y, en vez de arrodillada, apoya las plantas de los pies sobre el colchón o el suelo. Sugiero que la intensidad sea gradual, tanto durante la fricción como al impulsarse ella hacia delante, a fin de no lastimar el pene con movimientos bruscos.

  Entre las variantes de esta variante está que ella extienda las piernas mientras sujeta con las manos los tobillos de él: quizá la mejor de las vistas, aunque requiere una flexibilidad y un timing de acróbata. Sin embargo, yo humildemente recomiendo que el cierre de este cierre sea la posición con uno de los mejores nombres: la del Rodeo. Es la ideal porque es congruente con el in crescendo de nuestra rutina que parte de las calmaditas y culmina con el desbocamiento, más o menos controlado, cuestión de gustos o de ímpetus. Para estos fines, la amazona que da la espalda flexiona las piernas apoya las rodillas sobre la superficie mientras se apoya en las rodillas de su efímero dueño, quien tiene a bien tomarla de las nalgas: dicho sea de paso sus pulgares pueden juntarse y proveerla de un masaje al ano o algo más profundo y, si ella se apoya en una sola mano y con la otra estimula su clítoris, el placer es generoso y múltiple.

  ¿Cómo ven? ¿Me aceptan esta pieza? Como siempre los invito a aumentar, corregir y enriquecer esta rutina de sexo bailable.

Fuente: GQ
Publicado: 26-02-17

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El Autor clandeperros

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